Yásnaya Aguilar: en defensa de las lenguas indígenas

Activista, lingüista y traductora mixe, Yásnaya Elena lucha por los derechos lingüísticos de las lenguas indígenas. Conoce aquí algunos de sus postulados

Por: Mariana Castro y Myrel Pezina | @pendejisimx y @aquarianlatte

Yásnaya Elena Aguilar Gil es una lingüista, traductora, activista y escritora cuyo tema central es la defensa de los derechos lingüísticos de los pueblos y naciones indígenas. Se popularizó cuando en febrero del 2019 dio un discurso en la Cámara de Diputados, año denominado internacionalmente como “de las lenguas indígenas”.

En general, la activista trata la idea de que lo lingüístico es político; esta premisa es fundamental en su último libro, Ää: manifiestos sobre la diversidad lingüística. Lo que esta idea implica es que la lengua es también una parte central de los mecanismos políticos del Estado. 

Yásnaya Elena repara en el diagnóstico del Catálogo de Lenguas Amenazadas de la Universidad de Hawái, el cual declara que muere una lengua cada tres meses aproximadamente. También cita el dictamen de la UNESCO que indica que más de la mitad de las lenguas del mundo habrán desaparecido en 100 años.

Actualmente se está viviendo un “lingüicidio inédito”; es decir, las lenguas se están muriendo, o más bien, las están matando. Ante este panorama desalentador, la activista destaca una de las respuestas más comunes que se da en presencia de este fenómeno: la globalización. Por causa de esta última se intentan establecer lenguas francas para “facilitar” la comunicación, pero esto presenta una falsa disyuntiva, dado que se puede hablar el mixe a la par en la que se hablan las lenguas globalizadas, tales como el inglés, el español o el chino. Estas lenguas hegemónicas no tienen razón alguna para atentar en contra de otras lenguas que no lo son. No hay razón por la que no pueda existir un bilingüismo o plurilingüismo en el que distintas lenguas convivan.

Uno de los justificantes más usados para la destrucción de las lenguas es que es importante que cada Estado tenga la suya propia. Esto es porque, para la conformación exitosa del Estado-nación, se busca que haya una identidad nacional, la cual es creada a partir de distintos elementos, como una bandera, un sistema político propio y, además de estos, la lengua. Se valida entonces una sola lengua, la lengua del Estado.

La conformación de los Estados-nación, de acuerdo a Yásnaya, es la principal causante de la desaparición forzada de la diversidad lingüística y violación de los derechos lingüísticos de los pueblos indígenas. Históricamente el Estado-nación ha combatido a las lenguas que no fueron reivindicadas por un Estado debido a que este se legitimó a sí mismo a través del mito fundacional de que la mexicanidad estaba conformada por hispanohablantes. Como ejemplo de este proceso de borrado sistémico está el caso de la Academia Francesa, la cual se posicionó en contra del movimiento por el reconocimiento constitucional de las distintas lenguas en pos de que “las lenguas regionales atentan contra la identidad nacional”.

Se regresa entonces al tema del lingüicidio, pues en la actualidad se estima que existen alrededor de 7000 lenguas en el mundo, pero a este dato se le agrega que solo hay 200 territorios que se consideran Estados-nación, y cada uno tiene una lengua oficial. Pero no todos tienen la propia, sino que comparten, como en el caso del español.

Aquí también entra el tema de la discriminación, pues en México la diversidad lingüística es enorme, pero la lengua oficial es el español. El español es la lengua oficial de varios países del mundo, pero las lenguas como el náhuatl, el mixe, el zapoteco no son consideradas lenguas oficiales en ninguna nación, a pesar de tener una gran cantidad de hablantes. 

Cuando lo ponemos en perspectiva, hay países como Dinamarca cuya lengua oficial es el danés, este es el único país que tiene esta lengua como oficial,  y ellos pueden aprender inglés sin problemas, sin la necesidad de olvidar el danés y establecer alguna otra lengua hegemónica como la oficial. Nadie va a ir a Dinamarca a decirles que su lengua es antigua y que necesitan adaptarse a las lenguas francas para facilitar la comunicación. En cambio, sí se les dice esto a los hablantes de lenguas indígenas, y en consecuencia dejan de transmitirlas a sus hijos.

Yásnaya define el concepto de lenguas indígenas como aquellas lenguas que hablan pueblos o naciones que no formaron Estados y que no son utilizadas ni reivindicadas por los mismos. En una paráfrasis del lingüista Max Weinreich, las lenguas indígenas son lenguas sin ejército ni marina; son aquellas que descienden de las que se hablaban a la llegada de Cortés. 

Ante esta serie de problemáticas, Yásnaya también destaca el cambio de discurso que se efectuó en los últimos años de celebrar la diversidad lingüística, pero señala que este cambio no se ha reflejado en los hechos. Además menciona que, a pesar de la ayuda que reciben de aparatos jurídicos como el Centro Profesional Indígena de Asesoría, Defensa y Traducción que protegen sus derechos lingüísticos, el Estado no los garantiza. 

Es por esto que Yásnaya ubica la mayor fuente de resistencia en las comunidades hablantes de lenguas indígenas en donde se lucha a través de la revitalización y el fortalecimiento lingüístico, la defensa de los derechos lingüísticos, el desarrollo de la cultura escrita y de propuestas educativas en lenguas nativas y la ampliación y fortalecimiento de su uso comunal. 

Después de las aproximaciones propuestas por Yásnaya nos quedamos con la reflexión de que el Estado es el principal violentador de la lengua; no es el lenguaje inclusivo, no son los regionalismos, es el Estado mismo.

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