Verónica Gerber: exilio y trashumancia

Verónica Gerber, creativa mexicana, explora diversos terrenos artísticos en sus obras al combinar la literatura con las artes visuales

Por: Alexis Geovanni Ramírez | @geovanni.ra13

Cuando a Verónica Gerber le preguntaron cómo se definiría a sí misma, ella respondió: “como una artista visual que escribe”. Y luego de observar a detalle publicaciones como Mudanza (2010), Conjunto vacío (2015) y La compañía (2019), todos publicados por Editorial Almadía, no nos quedan dudas de su declaración. 

Para Gerber los límites entre los géneros artísticos son un engaño, una ilusión que restringe las posibilidades creativas. Imágenes y palabras habitan nuestra mente. Vienen en conjunto: a veces brutales y con grandes confesiones por contar; en otras, tan solo entre susurros y luces tenues. Verónica Gerber está convencida de que hay pensamientos que resulta imposible poner en palabras, y que deben mostrarse –ya sea a trazos o pinceladas– delante de nuestros ojos. De modo que en su obra encontramos un diálogo constante, entre lo caótico y armonioso a la vez, ambos elementos que ella ha bautizado como escritura visual. En ocasiones, más bocetos; por momentos, más palabras. Pero siempre hay un tanto de ambos, acompañándose. 

Reescribir, repensar y cuestionar se han vuelto los ejes centrales de la obra de Verónica Gerber. Es una artista que trabaja con lo existente, lo que se tiene a la mano y que muchas veces se juzga inservible, viejo o desechable. No cree que haya tal cosa como la creación primigenia, para ella todo son recortes, estampas y costuras de algo más que creíamos ya tenía un lugar en el mundo. Por ello, recupera obras de otros autores, les habla en presente y entra en diálogo con ellos. Tal ha sido el caso de la obra de José Juan Tablada en Otro día… (Poemas sintéticos) (2020), y de René Magritte en Las palabras y las imágenes (2018). Este último, además, sirve como punto de referencia para comprender el estrecho vínculo que Gerber encuentra entre la literatura y las artes visuales. Después de todo, existe una razón por la que Sara Uribe encontró en esta artista a una trashumante de los géneros; a una persona capaz de hablar con dibujos, y dibujar con palabras.

El acto de reescribir

Ante todo, Verónica Gerber desea cuestionar el punto que mira y desde el que se mira, cambiar la perspectiva sobre lo que se conoce y explorar los trucos de lo posible. En La compañía (2019), por ejemplo, reúne fotografías, diagramas y dibujos junto a testimonios, reportes y entrevistas, para así reescribir el fascinante cuento de Amparo Dávila, “El huésped”. La obra de Verónica Gerber se nos presenta como una premonición y una herramienta para vivir en los tiempos actuales. Y nos revela que el camino no siempre lo encontramos en lo inexplorado, sino que muchas veces lo descubrimos en los senderos ya recorridos –y quizás aprendidos de memoria– pero que requieren de una mirada insólita y manos sin miedo a transfigurar. ¿Qué hacer con las palabras que ya nos dejaron tantos y tantas?, es una de las preguntas que reside en el proceso creativo de la autora. 

Lo cierto es que las reescrituras tienen también un impacto político y social sorprendente. Reescribir es lanzar preguntas sobre lo establecido y resquebrajarlo palabra por palabra. Es una herramienta liberadora que permite darle la vuelta a aquello que creyó ser capaz de sujetarnos, constreñirnos. Las reescrituras nos sirven de conducto para diferentes luchas sociales enardecidas y destinadas a transformar el modo en que entendemos la realidad. El feminismo es uno de ellos, sobre el cual Verónica Gerber ha señalado que “es un ejercicio de la desobediencia, pero también de la imaginación desbocada… Los feminismos de hoy se proponen reinventar el mundo a partir del cuestionamiento y la imaginación radicales: se meten con lo privado y con lo público; de su escrutinio y de su reescritura no escapan el poder ni la subjetividad ni el lenguaje”. Las reescrituras nos muestran diversos modos de ser y vivir. Nos confían el poder de los signos de interrogación, de la tachadura en color rojo y de observar el tejido oculto tras las palabras.

Exilio y despojo

El exilio y el despojo son temas que han cautivado a Verónica Gerber en los últimos años. Constantemente reflexiona sobre el acto de no pertenecer y ser desterrada de todos los espacios imaginables: de tu tierra natal, del hogar familiar, de tu propio cuerpo o, incluso, de quien creías ser. Como artista, ella misma admite haber experimentado una suerte de exilio al sentir que no encajaba en ninguna categoría por completo. Estaba aquí y allá. Y, a veces, no entraba en ningún lado, de manera desperdigada.

Dentro y fuera de su obra, lidia con la idea de poseer lo intangible, de existir tan solo en fragmentos y encontrarse en diferentes espacios a la vez. Confiesa jugar con la idea de interrogarse a sí misma y pensar “¿quién es esta persona que se llama como la que lo escribe pero que no es la que lo escribe?”.  Verónica Gerber nos habla desde los trazos de sus palabras, y nos enseña otras formas de aproximarnos al arte en los tiempos actuales. El próximo 20 de mayo formará parte de la duodécima edición del congreso Vox Orbis: Vértices, organizado por la Sociedad de Alumnos de Letras Hispánicas del Tecnológico de Monterrey. Y quizás sea la ocasión para indagar más sobre la idea de habitar en los márgenes, y continuar con la misión de borrar las fronteras entre los géneros artísticos. Al final del día, nos reconocemos en las vueltas que da el pincel, sin saber si es imagen o palabra lo que nos obsequia.

Comparte en:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp