Racismo ¿la nueva forma de publicidad?

Conforme los emprendedores empiezan a utilizar las redes sociales para dar a conocer sus productos y servicios, la creatividad y capacidad de destacar de entre la competencia puede ser la diferencia entre el éxito o el fracaso de su negocio. Pero, ¿es válido usar expresiones y estereotipos raciales para cumplir este objetivo?

Por: Alejandro Herrera Durán | @AlexHerrera1712

“Eres un racista. Sí, tú. Lo eres tú… y lo soy yo. Lo somos todos. Ya va siendo hora de que dejemos de engañarnos a nosotros mismos porque todos tenemos, en mayor o menor medida, algo de racistas”. Así inicia Hernán Gómez Bruera su libro, El Color del Privilegio, en el que detalla y analiza aquel fenómeno que muchas veces pensamos solo pasa en los Estados Unidos: el racismo. 

¿México es racista? Por ciertos momentos, parece que la sociedad mexicana admite ser clasista, pero que jamás llega a cruzar la línea del inexcusable racismo. No queremos admitir lo interiorizado que tenemos ciertas expresiones, prejuicios y creencias sobre alguien con base en su color de piel. Pero, ¿somos conscientes de lo que expresamos o lo vemos como algo normal? 

No muchos lo saben, pero México es un país que cuenta con una gran diversidad cultural y étnica. No obstante, en lugar de celebrar dicha diversidad, se critica, se juzga y se discrimina. Incluso entre compatriotas, hay expresiones en donde condenamos nuestras diferencias. Desde frases relativamente comunes de escuchar como “trae el nopal en la cara”, “cara de olmeca”, “hay que mejorar la raza”, hasta las menos comunes como “se quedó como el chino: nomás milando” o “no seas codo, pareces judío”, siempre habrá una frase para discriminar a alguien. De hecho, es muy probable que uno de nosotros haya sufrido de dichas expresiones o que las hayamos ejercido sobre alguien más. 

Actualmente vivimos en tiempos donde cada vez somos más conscientes, como individuos, del verdadero significado y efecto de estas acciones; pero no es así para ciertos negocios. 

Un día me enteré que un antiguo compañero de preparatoria iba a ser invitado a la reinauguración de un restaurante de sushi en León, Guanajuato. Al entrar al perfil de Instagram del sitio, no podía creer lo que atestiguaba. Este restaurante usaba como técnica principal de publicidad el estereotipo que existe en torno a la pronunciación de la letra “r” en las personas de origen oriental y la sustituían por la letra “l”. No se puede comprender si esta técnica fue utilizada para llamar la atención de sus consumidores desde un punto de vista controversial (seamos sinceros, sí funciona) o por su completo desconocimiento de que mofarse de esa manera de la “pronunciación” de las personas de ascendencia asiática es un acto de racismo. Esta jugada publicitaria podría considerarse sumamente controversial considerando la fuerte presencia de la industria privada oriental que existe en el Bajío. Al reprocharles su falta de ética en las publicaciones un par de ocasiones, la cuenta del restaurante decidió bloquearme de Instagram

Pero, esto es un incidente aislado, ¿no? No. 

En el municipio de Tulum, Yucatán, existe una cafetería y heladería llamada “Prieto”. Según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), la palabra “prieto” se define como “muy oscuro y que casi no se distingue del negro”. A diferencia del establecimiento en León, donde no sabemos si su racismo es intencional o no, es fácil comprender que este fue su propósito desde el primer día. En sus envases celebran: “Sonríe, estás en Tulum. Prieto”. ¿Cómo saber que son conscientes de lo controversial de su publicidad? Un simple vistazo a la restringida sección de comentarios responde nuestra duda. Utilizar una palabra de connotación peyorativa hacia las personas de tonalidad morena en un país predominantemente moreno parece no importarles. Su discriminación también se puede observar en los modelos en sus publicaciones. En las ocasiones en que sus imágenes no se enfocan en sus alimentos y bebidas, las personas que aparecen en sus fotos son principalmente blancas y, en su mayoría, rubias. ¿Acaso los “prietos” podremos consumir en “Prieto”?

Lo que podemos observar en ambos casos es una insensibilidad por parte de los dueños y los empleados que manejan sus cuentas en redes sociales sobre las expresiones, prejuicios y estereotipos que viven sectores vulnerables de la población. La desesperación de destacar en internet hace que estas técnicas sean recurrentes. No obstante, nosotros como consumidores debemos exigir a estos negocios –de esta y otra índole– ser más conscientes en las formas en la que crean contenido publicitario. Impactar por el simple hecho de impactar es una técnica baja, floja y de nulo trabajo de investigación por parte de los community managers. 

Es una pena que ambos establecimientos tengan que recurrir a estas prácticas debido a que, juzgando por las fotografías de sus alimentos y las favorables calificaciones que tienen en distintos sitios web, se puede asegurar que sus productos son de calidad. Ambos tienen características favorables en los cuáles su publicidad puede girar alrededor de, pero todo ese esfuerzo y calidad se ve manchado por la forma de hacerse notar. Ya no se trata del fondo, sino de las formas. ¿Ustedes consumirían un producto de una compañía que abiertamente se burla de tus características físicas? ¿Características que uno no puede cambiar? ¿O de estereotipos que simplemente no son ciertos? A veces se nos olvida el poder y la responsabilidad que tenemos como consumidores. Al final de cuentas, esa es una de las ventajas del libre mercado, ¿no?

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