“No se mata la verdad”: los riesgos y la pasión de ejercer periodismo en México

El periodista Témoris Grecko relata en su libro “No se mata la verdad” los riesgos de ejercer periodismo en México. Su obra resulta ser una especie de manual que alienta a todo futuro comunicador, a pesar de las adversidades

Por: Alejandro Herrera Durán

Hablar del periodismo en México es tener que hablar sobre una de las profesiones más peligrosas y menospreciadas en el país. No es fácil informar en un país que tiene más de cuatro millones de personas que no saben leer ni escribir; no es fácil poder informar en un país donde los medios de comunicación más grandes (llámese televisión, radio, periódicos, entre otros) tienen una relación íntima con las esferas más altas del poder; no es fácil poder informar en un país donde, desde el año 2000, han asesinado a 135 periodistas. “No se mata la verdad” es un libro escrito por el reconocido periodista mexicano Témoris Grecko donde, en sus 342 páginas, narra los retos, injusticias y riesgos que corren los profesionales de la comunicación al informar los sucesos que sus comunidades viven en su día a día, y cuya difusión representa una amenaza para los intereses de ciertos actores políticos y empresariales en México. 

Este libro nace en un momento donde su autor decide dejar de recorrer el mundo para enfocarse en los ejercicios de investigación relacionados con la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa a finales de septiembre y principios de octubre del 2014. Ese año en particular representó un parteaguas para el entonces presidente de México, Enrique Peña Nieto. La desaparición de los normalistas y los cuestionamientos en torno a la “verdad histórica” por parte de la Procuraduría General de la República (PGR); la investigación de “La Casa Blanca” liderada por la Unidad de Investigaciones Especiales de Carmen Aristegui (y que terminaría con su salida de MVS); los asesinatos de periodistas en Veracruz durante el mandato de Javier Duarte; la matanza de Tlatlaya perpetrada por elementos del Ejército en el Estado de México, entre otros casos, descarrilaron permanentemente la imagen y credibilidad que se tenía del mandatario. 

Al libro podemos observarlo desde dos perspectivas: los riesgos del ejercer un periodismo crítico y la influencia que tienen los grandes entes mediáticos en nuestra percepción de la realidad. En los primeros seis capítulos del libro, Grecko nos cuenta las historias de Moisés Sánchez, Pedro Canché, Miroslava Breach, Javier Valdez, Carmen Aristegui y varios periodistas a lo largo y ancho del territorio nacional, y nos demuestra que todo lo que una persona necesita para poner en jaque a las figuras de poder político, económico o criminal, es el seguir los hechos, seguir la verdad. Las agresiones que los periodistas sufren tanto en Veracruz, Sinaloa, Quintana Roo como en la misma Ciudad de México, demuestra el alcance y la impunidad con la que se pueden agredir y censurar a los comunicadores de este país. En los capítulos siguientes, podemos comprender por qué los grandes medios de comunicación no pueden y no quieren tener equipos de profesionales de la información que cuestionen las distintas esferas de poder. 

La lectura del libro se vuelve pesada, no por la forma de escritura de su autor, sino porque uno no puede digerir tantas injusticias, como las numerosas violaciones a derechos humanos y a la libertad de expresión, o la colusión entre políticos y empresarios corruptos con grupos del narcotráfico para evitar la difusión de los hechos que deberían preocupar y ocupar a la sociedad mexicana. Una de las partes más escandalosas y preocupantes que se presenta en el libro es las campañas de difamación que los comunicadores independientes reciben por parte de sus colegas presentes en las grandes empresas como lo son Televisa, TV Azteca, Milenio, El Universal, entre otros. ¿Por qué hacen eso? Porque prefieren traicionar la ética de su profesión para preservar sus privilegios, puestos de influencia y poder en sus respectivos medios. 

En las escuelas de periodismo y comunicación nos enseñan los pasos a seguir al momento de construir una nota; así como su estructura y la consulta de información para que nuestra investigación sea lo más objetiva posible. No obstante, “No se mata la verdad” debería ser tomado en cuenta tanto como un texto histórico sobre una de las épocas más oscuras del periodismo en nuestro país, como también un manual sobre lo que un comunicador debe y no debe ser al momento de ejercer su profesión. Al igual, aquellos que estamos o aspiramos a ser parte de este caótico, pero a la vez apasionante, mundo de la información, debemos ser conscientes sobre el impacto que nuestro trabajo puede llegar a tener en nuestro entorno. Actualmente, estamos en un período de transición política y social que nos exige ser más rigurosos en el ejercicio periodístico. Este es el momento histórico perfecto para cuestionar las líneas editoriales de distintos medios de comunicación y los intereses de sus dueños, de la ética de los comunicadores que antes podían difamar sin ser cuestionados, siendo a su vez títeres de los políticos para limpiar y mejorar su imagen, y de exigir nuestro derecho a la libertad de expresión y justa remuneración por nuestro trabajo. 

Este libro no es para desanimar a las futuras generaciones de periodistas, reporteros y comunicadores. Al contrario, es un grito para solidarizarnos con la sociedad, con los oprimidos, con los silenciados, con los que ya no pueden hablar y con los que se arriesgan cada día en contarnos las historias que retratan la realidad que vive nuestro país, de esta manera podríamos llegar a mejorarlo. En México hay periodismo de calidad. México necesita este ejercicio para llegar a tan anhelada democracia. Podrán matar a los mensajeros, pero no se mata la verdad. 

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