M de Motomami World Tour

Así se vivió la gira mundial de Rosalía en Monterrey, fue una experiencia llena de euforia, cuero y fascinación

Por: Karla Ortiz y Myrel Izaguirre | @kahootqueen y @fantasiasmyrel

“Chica, ¿qué dices?” 

Este 19 de agosto el Motomami World Tour llegó a Monterrey, donde miles de fans esperaban a Rosalía en el Auditorio Citibanamex para vivir la experiencia de su primera gira mundial mediante el show dedicado a esta ciudad. Afuera del auditorio, había varios puestos de mercancía no oficial, vendían camisetas, bolsas, stickers y cualquier otro accesorio que pudiera albergar la cara de Rosalía o las letras de “MOTOMAMI”. 

Al momento de entrar al recinto, se podía vislumbrar a lxs asistentes emocionadxs, vestidxs con atuendos extravagantes de color rojo y negro. Dentro del auditorio en sí, estaba el escenario que solamente tenía una pantalla en el centro, la cual abarcaba desde el techo hasta el suelo. Treinta minutos antes de la hora de inicio, esta se iluminó y comenzó a llenarse de dibujos abstractos. “De seguro es Rosalía dibujando en su iPad”, bromeaban algunxs. A pesar de que el concierto no había comenzado, lxs espectadores se tomaron fotos frente al escenario, utilizando la pantalla como fondo. 

En cuanto a la ropa del público, las plataformas, el cuero y el látex fueron elementos comunes. La estética del álbum se centra principalmente en el rojo y el negro, lo cual inspiró a muchxs a vestirse a lo avant-garde. En general, MOTOMAMI (2022) apela a la seguridad en unx mismx, escuchar sus canciones nos impulsa a celebrar nuestras diferencias y nos invita a sentirnos cómodxs con ser únicxs. Esto se podía comprobar cuando entre las butacas había personas sentadas solas. “¿Tú de dónde eres? Yo vine desde San Luis”. La gente viajó desde varias ciudades del país para poder ver este show, no les importaba no conocer a nadie entre lxs asistentes. Esta es la magia del público de Rosalía: es un ambiente seguro y receptivo con todxs, sin importar la edad, el género o la clase social, su música se convierte en una experiencia única y acogedora para cada asistente.

“Una mariposa, yo me transformo”

A pesar de ser considerado como su obra más experimental hasta ahora, una de las características principales de MOTOMAMI (2022) es la producción minimalista del álbum. En este, las canciones se encuentran compuestas de una cantidad limitada de instrumentos donde la voz de Rosalía suele estar al primer plano como elemento principal. Y, en efecto, la experiencia audiovisual y performativa del concierto de Rosalía resultó en un concierto cohesivo y semejante a la visión de este proyecto.

 Con una escenografía simple ––donde el fondo principal se mantuvo en su mayoría del tiempo de color blanco y las pantallas laterales proyectaban las tomas de las distintas cámaras––, la cantante utilizó el escenario como un espacio donde el acto principal eran ella y sus acompañantes. De esta manera, con el apoyo de ocho bailarines, Rosalía recurrió al uso del cuerpo como un medio artístico y narrativo en su performance. Un ejemplo de lo anterior fue al momento de iniciar la canción homónima al álbum donde los bailarines posicionaron sus cuerpos para convertirse entre ellos en una motocicleta humana, la cual Rosalía simuló conducir mientras el camarógrafo movía la cámara rápidamente para dar la sensación de estar siendo manejada. De una forma similar durante ‘DIABLO’ ––canción en donde hace referencia a las críticas que ha recibido por su cambio de dirección artística y musical––, la cantante empezó a desmaquillarse en el escenario. Finalmente, terminó la canción cortando pedazos de sus trenzas para después soltarse el pelo: Rosalía, una vez más, demostró un performance donde la vulnerabilidad y la fortaleza son características que se unen en sus procesos de transformación.

Asimismo, su vestimenta consistió en un atuendo con prendas blancas y negras, el cual no cambió a lo largo del show (a excepción de la adición de una falda larga al momento de cantar ‘De Plata’). Su outfit minimalista se encontraba en armonía con el concepto del concierto; por otro lado, se podía apreciar un contraste con los atuendos de sus fans. Esta dicotomía entre Rosalía y lxs asistentes del concierto resultó en otra metáfora de los dos lados de la filosofía de MOTOMAMI (2022): la fuerza y agresividad coexistiendo con la introspección y simpleza.

“Tengo hits porque yo senté las base’ ”

Si algo está claro es que Rosalía es una artista que no tiene miedo a tomar riesgos, pero a pesar de ser experimental en sus canciones, siempre ha demostrado tener un respeto y dedicación admirables por su música. Al momento de comenzar a cantar ‘HENTAI’ se sentó en un piano cuyo pedal estaba mal puesto. “Este pedal está en reversa, o alguien lo arregla o así no se puede”, a lo cual decidió comenzar la canción de manera a capella. 

No es extraño que haya actuado de esta forma, pues Rosalía cuenta con una formación académica en música. Se graduó de la Escuela Superior de Música de Cataluña con un Título Superior de Flamenco, el cual consiguió después de haber presentado su proyecto final, El Mal Querer (2018). Este fue el álbum que la lanzó al estrellato, y en el concierto la cantante nos remontó a sus inicios cuando cantó ‘MALAMENTE’ y ‘PIENSO EN TU MIRÁ’, ambas canciones pertenecientes a dicho disco. 

En la segunda mitad del show cantó uno de sus más grandes éxitos, ‘Con Altura’, recordándonos una vez más que desde que comenzó ha logrado colaborar con artistas mundialmente reconocidos. Sin importar el género musical, ella ha conseguido adaptarse y seguir brillando, siempre ha buscado hacer la música que ella quiere, no le da miedo experimentar y mezclar estilos distintos. Rosalía no teme arriesgarse. A esto se añade que, durante el concierto, la artista conmemoró a sus influencias para esta nueva era musical al cantar un cover de ‘Perdóname’ por La Factoría y al bailar un remix de la canción ‘Gasolina” por Daddy Yankee, considerada como uno de los mayores exponentes del reggaetón clásico.

“Y yo no quiero competir, si no hay comparación”


Sin duda alguna, dentro de los momentos más memorables del concierto se encuentra la interacción de Rosalía con sus fans, los cuales no desaprovecharon ninguna oportunidad para aventarle regalos de todos tipos. Después de la lluvia de peluches de Dr. Simi que fueron arrojados al escenario, la cantante recibió un regalo inesperado: una tesis inspirada en El Mal Querer (2018).

Dentro del público, en cancha, se encontraba Jorge Ramos de diecinueve años, quien decidió llevar al recinto su trabajo final de bachiller con la intención de entregárselo a Rosalía. “Yo desde un principio quería que la tuviera, pero sabía que iba a ser difícil que la leyera si se la mandaba electrónicamente. Entonces cuando se me presentó la oportunidad de llevarla en persona, compré los boletos lo más pronto posible y se la logré entregar”, nos compartió Jorge. Dicho trabajo, en sus palabras, se basa en un “análisis instrumental de algunas de sus canciones de El Mal Querer (2018), intentando descifrar cómo ella logra plasmar el flamenco y sus raíces en un ambiente nuevo, y darle un giro urbano al flamenco”. Si bien la cantante aún no se ha contactado para compartir su opinión sobre la tesis, el joven declaró que habérsela entregado fue un sueño hecho realidad puesto que Rosalía es “una de sus inspiraciones más grandes” y que al dársela sintió que “valió la pena todo el trabajo”.

Con todas estas interacciones, es importante hablar de las relaciones parasociales. Estas se conforman por lazos unilaterales creados por una audiencia ––las motomamis–– con una artista ––Rosalía, en este caso––, esto ha propiciado debido a que la cantante es muy activa en sus redes sociales. A menudo este tipo de relaciones son cuestionadas e incomprendidas, pero en el caso de Rosalía, aunque no conoce unx a unx a sus fans, tomó varios momentos durante el concierto para cantar con algunxs y subió a otrxs al escenario. Si bien Rosalía no sabe nuestros nombres, su emoción por nuestra presencia era notable, se veía genuinamente agradecida y conmovida porque estuviésemos escuchándola y disfrutando con ella.

“Keep it cute!”

Lo interesante del concierto ––y de la gira en general–– es que desde la primera presentación se viralizaron videos de Rosalía cantando éxitos como ‘CHICKEN TERIYAKI’, y este fenómeno se repitió en el resto de sus shows. En cada parada del Motomami World Tour la fórmula del performance ha sido la misma, lxs espectadores sabíamos que haría una moto humana, esperábamos ansiosamente la coreografía de ‘BIZCOCHITO’ y la icónica expresión facial que la acompaña desde que la vimos en Twitter o Tiktok

Sin embargo, es curioso que aunque ya sabíamos qué esperar, para muchxs el evento terminó por convertirse en un espacio personal e íntimo. Esta es una dualidad que solo podría verse en un concierto de Rosalía: es algo prefabricado y ensayado con bastante precisión, pero a la vez se siente orgánico y nos deja con la sensación de haber vivido una experiencia extraordinaria. “Sigo sin procesarlo”, se escuchaba por los pasillos cuando terminó el concierto. 

Lee la mototesis aquí.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *