La Princesa Mononoke y su vigencia a 24 años de su estreno

El 12 de julio de 1997 se estrena en Japón La Princesa Mononoke, una película que presenta con maestría y sencillez las intrincadas problemáticas que se desprenden del odio y la sobreexplotación ambiental

Por: Esmeralda Chayrez Grijalva 

Sinopsis

Tras ser herido por una maldición mortal al defender su aldea de un dios convertido en demonio por el odio, el príncipe Ashitaki se marcha en busca de una cura. Su camino se cruza con el de San, una princesa criada en el bosque, y un pueblo que basa su desarrollo en el comercio de hierro extraído de dicho bosque. Esta es la sinopsis que se suele dar para presentar La Princesa Mononoke, película dirigida por Hayao Miyazaki producida por Studio Ghibli. Sin embargo, es muchísimo más que esto.

Es una película emocionante, entretenida, llena de fantasía y poblada por personajes sumamente humanos. La animación es hermosa e inmersiva, como siempre que hablamos de Studio Ghibli, pero hay algo que la hace resaltar: es una película cruda tanto en la animación, que ofrece cuadros impactantes, como a nivel argumentativo.

Personajes de carne y hueso

La Princesa Mononoke es una obra maravillosa por varias razones, entre las que resalta la construcción de los personajes, incluyendo a los personajes secundarios. Todos son increíblemente complejos, y no se definen como buenos ni malos, ni se quedan en una sola tonalidad de gris, sino que se mueven constantemente entre una gran gama de grises, todo el tiempo, de manera que se convierten en personajes de una belleza y humanidad difíciles de describir. Son personajes que no solemos encontrar en las películas animadas, por no decir en las películas en general.

El personaje principal, Ashitaki, se mueve constantemente entre ambos “bandos”, no en actitud de traición, sino como quien escucha, conoce y explora lo que lo rodea: es a través de sus ojos que vemos a San chupar la sangre de la herida de un lobo y pelear junto a los dioses del bosque; a través de sus ojos conocemos también a las personas del pueblo, sus vidas, y porqué, sin justificarlos, hacen lo que hacen. La belleza de Ashitaki radica en su ambigüedad: encontrándose frente a dos bandos enemigos, se niega a catalogarlos en buenos y malos, y es por eso mismo que resulta difícil encasillarlo a él mismo.

Entre los personajes resalta Eboshi, la líder de la aldea de hierro. El desarrollo de este personaje no es lo que solemos ver en muchas películas, pues el primer vistazo de Eboshi, cuando decide abandonar a dos hombres que caen de un precipicio, nos deja la impresión de que no tiene compasión, ni por las personas ni por el bosque, mucho menos por los animales y dioses que lo habitan. Sin embargo, el personaje se desenvuelve en algo difícil de entender: no es buena ni mala, sino extremadamente contradictoria. Constantemente toma decisiones difíciles, siempre con una gran entereza, porque tiene un objetivo claro: hacer crecer a su comunidad. Piensa en la integración de las mujeres a la vida laboral y en la dignidad de quienes padecen enfermedades contagiosas, pero la sustentabilidad no figura en su plan. Intentar definir a Eboshi, como definir a una persona, no tiene sentido.

Unas palabras sobre feminismo, porque es necesario

La Princesa Mononoke es una lección para las princesas Disney y para todas las niñas: nuestras historias no existen en relación a un hombre.

Muchas jóvenes hemos crecido con las películas de las princesas Disney y demás narrativas que colocan a la protagonista como un objeto, existiendo y cantando en espera de ser rescatada por un héroe; no importa que la película lleve el nombre de la princesa, esta es un objeto. Algunas tienen sueños, pero invariablemente terminan en brazos del héroe que las salva. Hay pocas películas dirigidas a niñas y al público femenino en general, animadas o no, en las que no se siga esta línea, y es algo que se ha introducido solo hasta hace poco tiempo. La Princesa Mononoke se adelanta a su tiempo y hace justicia a sus personajes femeninos al hacerlos lo que deben ser: seres humanos por sí mismos y no en relación a un hombre que las salva.

Es común ver a personajes masculinos complejos, que se debaten consigo mismos y el mundo que habitan, al lado de personajes femeninos planos, que los apoyan y los cuidan y visten profundos escotes. La Princesa Mononoke no solo se niega a continuar con esto, sino que lo hace contundentemente. Las mujeres de la película tienen ideales, los defienden, se debaten consigo mismas, son complejas y contradictorias, y se niegan verbalmente a renunciar a su mundo “por amor”. 

Por qué sigue siendo relevante

La Princesa Mononoke presenta la lucha entre los dioses del bosque y la aldea del hierro, pero también nos habla sobre la lucha entre hombres y mujeres, entre clases sociales, entre grupos étnicos; presenta la opresión machista a la que están sujetas las mujeres (esto a través de las mujeres que trabajan en la fábrica de hierro para no terminar en un burdel), la discriminación que sufren aquellos que padecen enfermedades, y el odio de los grupos dominantes hacia lo que es diferente; se habla también sobre el desarrollo económico y comercial, y cómo los intereses del momento se sobreponen a lo que resulta más conveniente a largo plazo.

Todavía más: se presenta la relación entre estos problemas y la crisis medioambiental, exponiendo todo como un conjunto, intrincado, complejo. A través de Ashitaki se expone todo sin emitir juicios, sin condenar ni justificar a aquellos que destruyen el mundo por construir sociedades. 

No es una película simple. No se basa meramente en un mensaje de amor y respeto al medio ambiente como podemos ver en otras películas de Hayao Miyazaki. De la mano de Ashitaki exploramos un carrusel de problemáticas complejas y cómo se relacionan con la ecología. Aunque dichas problemáticas y las interacciones entre diferentes grupos sociales no alcanzan una escala global como la que vivimos actualmente, es el reconocimiento de esta complejidad lo que hace de La Princesa Mononoke, a pesar de ser una película animada con elementos de fantasía, una narración mucho más realista que la que vemos en muchas películas que también hablan sobre el medio ambiente.

En La Princesa Mononoke no se presenta la respuesta para un mundo perfecto ni discursos aleccionadores sobre la naturaleza, sino que nos muestra con maestría cómo todo está conectado. Es una invitación irrechazable a reflexionar sobre la belleza y la fortuna de vivir en este mundo, pero también sobre el horror y la destrucción que nuestra forma de vida genera sobre el mismo. 

La Princesa Mononoke expone lo que Wangari Muta Maathai, la primera mujer africana en ganar el Premio Nobel de la Paz, demostró a lo largo de su vida: que el desarrollo social, la democracia, la igualdad de género, la seguridad alimentaria, los derechos humanos y la paz, van de la mano con el respeto al medio ambiente.

Y es por ello que La Princesa Mononoke es y se vuelve cada vez más relevante.

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