La nueva industria de las víctimas

El caso de la desaparición de Debanhi Escobar no solo evidenció la falta de eficiencia y respeto por parte de la autoridad hacia las víctimas de violencia, sino también ha dejado en claro cómo la sociedad en los espacios digitales busca obtener fama a través del sufrimiento de los otros.

Por: Rita Gutiérrez | @AUTHORITARIAN

Cuando uno pone atención al nivel de atención mediática que recibió el caso de Debanhi Escobar, es inevitable sentir decepción en el comportamiento de los medios de información tradicionales. Desde la existencia de los medios de comunicación en masa, estos se han valido del morbo de la gente para lucrar con crímenes terribles o con las tragedias por las que pasan los demás; en el ámbito académico esto es llamado como la «industria de las víctimas». Lo que sí es nuevo es el rol de las redes sociales como medio de comunicación masivo.  Ahora estas plataformas nos han permitido ver la peor cara de nuestras amistades, compañeros de trabajo, familiares y conocidos. A medida que se ha desarrollado el caso de Debanhi Escobar no he podido evitar observar cómo es que dentro de las plataformas se estaba desarrollando una nueva faceta de la ya existente industria de las víctimas, (además  de experimentar decepción en algunas personas de mis círculos sociales). 

Uno de los aspectos que considero más relevantes es ¿cómo llega el contenido a nuestra timeline en primer lugar? A diferencia de los medios tradicionales que proyectan su contenido independientemente de si lo escuchemos, leamos o veamos en el televisor, el contenido que llega a nuestra burbuja digital está relacionado directamente con lo que comparten nuestros contactos en esas redes sociales, o con lo que es popular dentro de los usuarios de la plataforma. Es contenido del que no podemos escapar a menos que directamente no entremos a redes sociales en general. Es muy diferente ver tweets insensibles sobre el caso de Debanhi o sobre los feminicidios en general cuando llegan a tu timeline porque un amigo de carrera, tu tío o un compañero de trabajo lo compartió justamente para que los contactos de su red lo vean. Es por medio de estos eventos terribles en los que te das cuenta de la misogìnia que puede presentar más gente de tu círculo social de la que esperabas, y en un nivel mucho más profundo. Por medio de verdaderas tragedias también llegas a caer en cuenta de lo cruel, misógina, clasista e insensible que es la gente que te rodea, y que quizás mirabas con cariño. 

Puedo entender por qué los especiales realizados por noticieros y periódicos que comparten desinformación necesitan de la controversia para generar mayores ratings y así mucha mayor remuneración a partir del sufrimiento de Debanhi y de sus padres. Los usuarios que publican sus posts insensibles, sus teorías conspiratorias, sus opiniones sobre cómo es que las amistades o los padres de Debanhi tienen la culpa detrás de su muerte lo hacen sin recibir un solo peso a cambio. Ese es el aspecto que más me sorprende, ciertos usuarios están dispuestos a enseñar su peor cara a sus círculos sociales ya sea porque genuinamente creen en lo que dicen (que tiende a ser el caso de los posts que usan la misoginia para justificar el destino de Debanhi) o simplemente porque saben que realizar declaraciones inflamatorias les dará algo de atención, aunque sea por un corto instante. 

Las personas que hacen posts en Twitter utilizando la desaparición de Debanhi, no para hablar del caso en sí, sino como oportunidad de mencionar lo superiores que eran sus amistades, padres o su personalidad a la de Debanhi nacen de una necesidad de querer obtener parte de la atención que se le estaba dando a Debanhi por su desaparición. Es bizarro ver a personas usar un feminicidio como una manera de obtener, aunque sea por un día, la atención de un montón de extraños en plataformas digitales. Una joven está muerta y cientos de personas solo vieron en su asesinato la oportunidad de obtener sus cinco minutos de fama en diferentes redes sociales. El hecho de ver cómo “videntes” en TikTok supuestamente entraban en contacto con Debanhi cuando aún no encontraban su cuerpo o ver tiktoks en los que llamaban a los feminicidios en general como un fenómeno orquestado por el gobierno solo puede ser descrito como una experiencia violenta y revictimizante para algunas que han sido víctimas de intento de desapariciones, intento de asesinato, entre otras. Y lo peor de todo es que estos usuarios lo hacen enteramente gratis, solo buscan cualquier tipo de atención momentánea a cambio. 

Este tipo de circos mediáticos tienen sus consecuencias; los padres de Debanhi  y las amigas con las que fue a esa fiesta siguen siendo víctimas de acoso hasta la fecha. Incluso hay personas que les consideran “celebridades” y les exigen que se comporten como tal cuando solo son dos padres a quienes les mataron a su hija. Y este tipo de comportamiento insensible que vemos por parte de la sociedad en general también llega a interiorizarse. En una plática reciente una amiga me llegó a comentar que después de ver lo sucedido con Debanhi, si es que la llegaran a desaparecer, “preferiría que mejor no me buscaran.”  Para ella ya quedaba claro que las autoridades son tan ineficientes al punto en que se sabe que si llegara a ser desaparecida terminaría siendo asesinada, lo único que podía evitar es que se hiciera un circo a costa de su persona y de sus seres queridos. 

Desgraciadamente en México y en el mundo se seguirán presentando feminicidios y demás violencia de esta naturaleza. Pero ahora es momento de que nosotros seamos más críticos con las dinámicas que permitimos en nuestras redes sociales. Ya sea interactuando directamente con las personas que buscan “aprovecharse” de las muertes y desapariciones de personas, reportando ese contenido y bloqueando a los usuarios, así se puede contribuir a evitar que se proliferen esos discursos revictimizantes y violentos. No solo es por nuestra propia salud mental, también es para evitar que se perciba ese tipo de contenido como una vía válida para obtener un estatus de “micro celebridad” en los espacios digitales y dejar en claro que no es aceptable hacer de las víctimas y su dolor una industria. Como sociedad merecemos más que hacer un circo de nuestro sufrimiento.

Comparte en:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp