Julio Galán: El pintor LGBT que brilló por su talento en los 80’s

Julio Galán, pintor que cambió paradigmas a través de la pintura y una personalidad auténticamente excéntrica, es de los pocos artistas mexicanos que han sido parte de la comunidad LGBT

Retrato de Elizabeth (2000), de Julio Galán. Imagen de: Arte Informado.

Por: César Morales | @camq__

Se puede argumentar que, a pesar de que aún hay trabajo por hacer, al día de hoy se está en el mejor tiempo de la historia para pertenecer a la comunidad LGBT. No solo es algo que está en su gran mayoría normalizado, sino que la cantidad de recursos disponibles para informarse del tema y pedir apoyo es impresionante. Sin embargo, en México casi no hay artistas que actualmente sean abiertamente parte de la comunidad LGBTQ+, aunque sí hay personas que se consideran aliadas al movimiento. Es entendible pues, pertenecer abiertamente a esta comunidad en un país tan conservador como este –y dentro del ojo público– es algo que toma un esfuerzo y unas agallas monumentales. Y si bien han existido personas así, nadie hay como Julio Galán.

Julio Galán (1958-2006) fue un pintor mexicano nacido en Múzquiz, Coahuila. No obstante pasó la mayor parte de su vida en Monterrey, Nuevo León, dado que se mudó ahí a los 10 años. Estudió la carrera de arquitectura en la Universidad de Monterrey, pero la dejó inconclusa, para así dedicarse exclusivamente a la pintura. Fue un medio que a la larga le dejó dividendos, puesto que fue reconocido desde temprana edad. En 1979, con 20 años de edad, obtuvo el segundo premio laureado de pintura del Centro de Arte Vitro de Monterrey. Esto fue el inicio de una carrera exitosa, la cual estuvo llena de referencias autobiográficas expresadas de modos poco vistos hasta ese entonces; como el uso de frases encima de la pintura, la subversión del estereotipo del hombre mexicano y la exploración constante de su pasado.

Si bien su carrera empezó a finales de la década de los 70’s, durante la década de los 80’s fue cuando explotó en popularidad. Julio Galán fue de los pintores más sobresalientes del neomexicanismo, movimiento artístico surgido en esa misma década que se caracterizó por la recuperación de los símbolos del país, pero “plasmados con tintes kitsch, como una nostalgia que más que enaltecer una historia de bronce, nos muestra el lado infantil y lúdico de la iconografía mexicana”, de acuerdo con Die Hexe esta corriente se distinguió por la inclusión de frases y textos que, en la obra de Galán, “eran un reflejo de su interior, de sus tristezas y sus miedos, de su profundo temor a la muerte”.

Reconocimiento a nivel internacional

Clasificado como “el niño terrible de la pintura mexicana” por la crítica de arte argentina Ana María Battistozzi, su trabajo lo llevó a ganar también el premio de adquisición del Salón Anual de la Plástica en 1981. Así mismo, el mexicano participó en 28 exposiciones individuales de su arte más allá de las ocurridas en México, al ir a exponer en países como Estados Unidos, Argentina, Holanda, Suiza y Francia. Algunas de sus exposiciones más notables fueron: en 1981 en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México, en la Feria de Arte Basel de Basilea en 1987, su participación en la exposición de 1989 titulada Magiciens de la terre (‘magos de la tierra’), del Centro Georges Pompidou, en París, y, en 1992, su participación en la Feria Internacional de Sevilla. Dada la popularidad de su trabajo, fue comparado con las obras de Frida Kahlo, debido a la similitud en el enfoque en autorretratos y pinturas surrealistas, pero él mismo declaró que no había suficientes argumentos para establecer una comparación entre Kahlo y él. “Muchas veces me dicen que la cercanía está en el dolor que reflejamos los dos. Estoy de acuerdo en eso, pero nada más”.

A la izquierda, Sácate una muela (1994). A la derecha, I’m Gonna Wash You With Soap (1995). Imágenes de: Apócrifa y Christie’s, respectivamente.

Una de las experiencias que definieron su vida (y, por ende, influenciaron su arte), fue irse de Monterrey para vivir seis años en Nueva York, entre los años de 1984 y 1990. En dicha ciudad, se hizo amigo íntimo del reconocido Andy Warhol, ícono estadounidense del pop art (aunque Galán comentó que quedó más impresionado por su estilo de vida que por su pintura). Durante esos años es cuando Galán comienza a explorar más su homosexualidad y el erotismo, lo cual terminó por reflejarse en sus obras durante y después de su estadía en Estados Unidos. Eso, sumado a su personalidad excéntrica, aseguró que destacara de manera genuina entre sus colegas, sin la necesidad de pretender o pedir atención para lograrlo. El periodista Carlos Monsiváis lo explica de este modo: “…si algo genuinamente fue y es en la memoria Galán, es un excéntrico genuino: alguien desprendido sin remedio del centro: alguien que a diario se inventa una órbita para girar en torno a ella con frenesí parsimonioso: no un simulador ni un actor de sus propias emociones sino un teatro que se puebla y despuebla, un artista tan obligado a la autodestrucción que en ella se recupera y por ella recobra sus fuerzas. En la época ya negada psicoanalíticamente a los excéntricos, Julio Galán lo fue con delirante autenticidad, […] ¿Quién otro escandalizó tanto entre sonrisas de admiración? ¿Quién otro, en la era de los derechos de las minorías, ejerció su condición gay como parte del espectáculo que él contemplaba en las tardes? La excentricidad como promesa, punto de partida, […] [es] como abismo del bolsillo que va creciendo”. 

De igual manera, Sergio Pitol, escritor mexicano –y contemporáneo de Galán–, describió su arte más allá de lo excéntrico de este modo: “El arte de Julio Galán se desenvuelve como en una perpetua ceremonia o un baile de disfraces. Su personaje protagónico –él mismo- aparece constantemente trasvestido, enmascarado, oculto entre borrones, afeites, inscripciones, hendiduras. […] Galán intuye que el mundo que observamos, este en el que nos movemos, se ha convertido en una máscara del mundo. A través de imágenes perfectamente genuinas, de reminiscencias, temores y deseos, de acosos y acechanzas, […] el pintor trata de rescatar aquello que aún le parece salvable de este simulacro de mundo, volverlo «real», es decir transformarlo en pintura: el caos que Julio Galán introduce en sus cuadros se convierte en forma”. 

Se dice que, en una lectura de cartas, Julio Galán supo que moriría joven y en un avión. Lamentablemente, dicha predicción se hizo realidad el 4 de agosto del 2006. En medio de un vuelo de Zacatecas a Monterrey, el artista murió a los 46 años a causa de un derrame cerebral. Para dimensionar apropiadamente la longitud de su vida, la Reina Isabel II ha vivido más del doble de lo que vivió él (94 años, a abril del 2021). A pesar de que hoy en día, su manera de ser y su arte no sean tan impactantes (¿se acuerdan de la pintura del Emiliano Zapata homosexual?), lo que hizo para la época era realmente inédito, y a pesar de que su vida terminó trágicamente, vivió lo suficiente para dejar un legado que rara vez se ve en una cultura como la mexicana. El cambio viene de la mano de los distintos, y 15 años después de su fallecimiento, Julio Galán siempre será recordado como un pintor que adelantó a México en materia de neoexpresionismo, y como uno de los precursores del arte y de la presencia de la comunidad LGBT en México.

*César Morales es colaborador en Pie de Página.

Referencias

1. Entrevista de Luis Schneider (Julio Galán, En el hechizo de su universo, Grupo Financiero Serfin, México, 1993).

2. Carlos Monsivais. Acitrón de un fandango. Juegos infantiles y sueños de madurez en la obra de Julio Galán, en Julio Galán. Pensando en ti, Monterrey, Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey/Marca/Cemex, 2007, p. 41.

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