Inglaterra: The biggest loser

Reino Unido. Invierno 2020. Las vacunas llegaron pero la población terminaba el año viéndose forzada a aceptar que el “Great” de Great Britain jamás regresaría debido a su salida de la Unión Europea.

Por: Rita Gutiérrez | @AUTHORITARIAN

The only way is Essex…

Llegué el 29 de diciembre a Inglaterra, donde pasaría aproximadamente siete meses en una universidad del condado de Essex. Cuando en la fila de migración le comenté al agente que venía a estudiar un máster en Opinión Pública y Comportamiento Político él me hizo la señal de la cruz a forma de broma y me dijo que me deseaba toda la suerte del mundo. Ese mismo día se presentaron 80,000 casos nuevos de Coronavirus en Inglaterra, México registró 5,996 casos. Para ser un país desarrollado de un tamaño pequeño, el número de casos y muertes que tenía Inglaterra en relación a su población era altísimo, por lo que el gobierno ya no podía ignorar la situación. Y así fue. 

Mi llegada fue poco antes de que el primer ministro—Boris Johnson—anunciara en televisión nacional que el Reino Unido entraría de nuevo en una estricta cuarentena hasta inicios primavera. Diciembre también fue el último mes en el que el Reino Unido formó parte de la Unión Europea. ¿Sus logros dentro de la negociación del Brexit? Ninguno. El 31 de diciembre en la madrugada se publicó un documento con miles de páginas sobre las condiciones dentro de las cuales el Brexit tomaría lugar, pero tanto para expertos como para las personas comunes del Reino Unido todo lo que sucedería a partir de las siguientes 24 horas aún era muy confuso. Con esto en mente era fácil comprender la atmósfera de frustración; a los ojos de la ciudadanía el gobierno estaba conformado por un montón de perdedores. 

Todo esto significaba que el año comenzaba con un Brexit que los habitantes aún no comprendían, además de que estaban encerrados sin siquiera poder moverse entre diferentes condados ni estar al aire libre con gente que no viviera en la misma casa. Los planes de las “burbujas familiares” que permitieron a algunas familias verse en Navidad quedaron desechados hasta nuevo aviso.

En un intento de suavizar el golpe, cuando se dio el anuncio de la cuarentena, Boris Johnson no perdió tiempo en mencionar las vacunas y explicar cómo estas serían la manera de salir de la cuarentena lo más pronto posible. Inglaterra fue el primer país en el mundo en administrar vacunas contra el Covid-19, y en ese momento estaban llevando a cabo campañas masivas de vacunación a las personas de la tercera edad, trabajadores del sector salud y empleados de asilos. Pero, mientras las vacunas hacían efecto en la salud general de la población, los ciudadanos debían ser pacientes y seguir las normas de la cuarentena. Miles de negocios no-esenciales que reabrieron en diciembre tuvieron que volver a cerrar, algunos incluso de manera permanente. Al igual que en México, el gobierno nacional de Inglaterra no tenía programas de apoyo para los negocios durante la cuarentena. 

También, los inviernos en Inglaterra son deprimentes: anochece a las cuatro de la tarde, se presentan bajas temperaturas, los días son siempre grises, además de que en este año en particular ocurrieron nevadas históricas. Aun así, por más que salir no sea una experiencia agradable, sentirse aislado bajo estas condiciones es peor. Las restricciones en reuniones dentro de los hogares en definitiva hacen la experiencia aún más dañina de manera anímica. En esos momentos en particular, la gente se sentía aislada y sola. Tener que iniciar una cuarenta bajo estas condiciones fue un golpe muy bajo para la administración de Boris Johnson en cuanto a su desempeño en los ojos de la opinión pública. 

Mis compañeros de piso jugando en la nieve

Este invierno presencié la primera nevada en Colchester en más de diez años. El primer día fue la primera vez desde mi llegada que observé a “tantas” personas afuera, desde niños hasta personas de la tercera edad jugando en la nieve. Yo hice lo mismo con mis compañeros de piso. Los días siguientes la nieve pasó de ser una señal de alegría a un problema, una noche hasta llegó a causar un apagón, algo que no es ideal cuando se están a temperaturas de 3 grados centígrados en una zona donde siempre se tienen fuertes vientos. Sin embargo, al menos por un momento se pudo despejar el aire de soledad y aislamiento.

Esa experiencia, creo yo, es representativa de los efectos que tuvieron las campañas de vacunación para apaciguar a la opinión pública. Si bien inicialmente ayudaron a proveer a la población con un poco de orgullo y optimismo acerca del futuro, mientras se esperaba a que las vacunas hicieran efecto en la población, los casos nuevos seguían siendo altos (aunque a la baja) y lo que sí se llegaba a sentir de manera tangible eran las consecuencias del Brexit. 

A finales del invierno el gobierno tendría que hablar de planes concretos para lograr la reactivación económica, pues los ánimos estaban a la baja y eso se reflejaba en un aumento en las protestas contra las medidas sanitarias. Para poder obtener legitimidad dentro de la escena nacional e internacional, necesitaban demostrar (por primera vez en meses) que no eran unos grandes perdedores. 

Foto de: CNN

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