Home office: entre el privilegio y el martirio

El confinamiento causó que el teletrabajo fuese una medida que múltiples empresas adoptaron. A pesar de ser un privilegio, el home office puede llegar a enjaular a los trabajadores

Por: María Teresa Alcalá | t.alcalá 

Puede sonar cliché, ridículo incluso, pero desde la secundaria comencé a soñar cómo sería mi vida laboral. No sabía exactamente a qué quería dedicarme, pero estaba segura de que desarrollaría mis habilidades dentro de un entorno laboral “tradicional”. Es decir, me veía a mi misma en una oficina, con otros compañeros de trabajo, todos dedicados y trabajando hacia un objetivo en común. No está de más decir que en la secundaria soñaba muchas cosas y, con los sueños, en ocasiones podemos caer en la romantización. Podemos llegar a idealizar algo, pues al no haberlo vivido realmente, podemos dejar nuestra imaginación volar y pensar que eso que soñamos es maravilloso. De cierta forma, eso me paso con mi primera experiencia laboral formal.

Como muchos otros universitarios, un viernes de marzo del 2020 abandoné las aulas de mi escuela y, hasta la fecha, no he vuelto a poner pie en ellas. Como muchos otros estudiantes, recuerdo con profunda nostalgia mis días, tardes e incluso noches en la universidad. Como muchos otros futuros profesionistas, recuerdo lo que era tomar clases presenciales, poder escuchar a mis maestros en vivo y poder conversar con mis compañeros. Como muchos otros alumnos, añoro regresar a las cafeterías de mi universidad, trabajar en tareas y proyectos mientras me tomo un café y siento el aire recorrer mis mejillas. Y al igual que muchos otros estudiantes y profesionistas, actualmente me encuentro tomando clases desde la comodidad de mi hogar, además de que también estoy trabajando desde casa. Mis primeras prácticas profesionales no han sido nada como las imaginé desde mis años de secundaria, cuando me imaginaba caminando hacia una oficina, compartiendo espacios de trabajo con otras personas y desarrollando mis habilidades de una forma presencial.

De forma que gran parte de nuestras actividades cotidianas se trasladaron a la casa, resulta imposible despegarse de las pantallas de las computadoras y celulares. En un mundo donde todo puede manejarse remotamente, difícilmente hay espacio (o incluso posibilidad) de no estar prácticamente 24/7 frente a un monitor. Es importante reconocer que quienes podemos quedarnos a estudiar y trabajar desde los hogares, nos guste o no verlo, podemos hacerlo porque tenemos privilegios. El poder estar en casa, no verse orillados a tener que salir a laburar y arriesgar la salud al hacerlo es, sin duda, algo que no todos pueden hacer, pues no todos los trabajos lo permiten. Sin embargo, el poder quedarse en casa, tras más de un año de pandemia, termina en resultar agotador.

Con la pandemia, la carga de trabajo de las mujeres aumentó

La situación tampoco es fácil para aquellas mujeres que se dedican a trabajar tanto fuera como dentro de su casa, pues el llevar todas las actividades laborales presenciales a su hogar agrava muchas de sus realidades personales.

Con los cuidados y las tareas domésticas cayendo bajo sus hombros, muchas mujeres se han visto en una situación complicada. Pues, con la educación siendo también llevada a los hogares, las jornadas de trabajo parecen ser interminables. El confinamiento únicamente agravó esa sensación para aquellas mujeres trabajadoras. ¿Cómo tomar una junta en el mismo techo donde los hijos aprenden, conviven, juegan, hacen tarea, entre otras actividades? La realidad es que bajo un esquema de home office, se vive en el trabajo. A esta dinámica se le suman los horarios, pues con una jornada laboral siendo llevada a cabo desde casa, se podría creer que los trabajadores están disponibles las 24 horas del día. 

Con las horas dedicadas a traslados ahora disponibles para otras actividades, los días podrían considerarse más largos, o con más tiempo libre. Pero más horas no necesariamente resultan en más tiempo, por incorrecto que eso se escuche. Es decir, no porque las horas que antes se dedicaban a trasladarse de un lugar a otro ahora son dedicadas a trabajar significa que exista más productividad, o incluso más tiempo para dedicarle a las actividades libres. 

Maternidad y home office en México 

Bajo un contexto de pandemia y sobre este mismo tema, El Programa de Desarrollo de las Naciones Unidas en México, desarrolló un estudio titulado: “Madres trabajadoras y COVID-19: Efectos de la pandemia en circunstancias de teletrabajo en México”. 

No resulta sorprendente que uno de los mayores retos enfrentados por las mujeres entrevistadas es la falta de horarios definidos. Esto, en consecuencia, resulta en una mera imposibilidad de desconexión. Más de la mitad de las mujeres que participaron en esta iniciativa de las Naciones Unidas reconocen que las horas laborales se extendieron con la pandemia, alcanzando incluso los fines de semana, lo que ocasiona la sensación de que nunca se pueden desconectar o alejar del trabajo. 

Ejecutar responsabilidades del trabajo, de la educación de sus hijos, preparar comidas, lavar la ropa, entre otras tareas del hogar, provoca un cambio en la forma de trabajar para las empleadas, pues ya no es posible hacerlo como antes. Aunque algunas entrevistadas afirman que su productividad se ha visto en aumento al tener que hacer las cosas más rápido para poder realizar múltiples tareas, otras mujeres comparten que su productividad se ha visto en deterioro, pues “requieren más tiempo que antes para realizar las actividades laborales por ser constantemente interrumpidas y tener dificultad para concentrarse”.

Una equitativa y justa división de las tareas del hogar podría ser una posible solución a la actual situación que atraviesan las madres trabajadoras. Con la reapertura de las escuelas en algunos países y la instalación de un trabajo híbrido, con algunos días en la oficina y otros en casa, pareciera que esta distopía del confinamiento y el home office está cada vez más cerca de terminarse. 
Sin embargo, es imposible negar la realidad y el hecho de que es posible que el teletrabajo haya llegado para quedarse. Ya que, de cierta forma, el home office y la comunicación por medio de pantallas es una de las máximas expresiones de la inevitable (casi inescapable) globalización que ha tenido un devenir en todos los ámbitos humanos.

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