El invencible verano de cada una

El nuevo libro de Cristina Rivera Garza, "El invencible verano de Liliana", logra recuperar la memoria de Liliana, una de muchas voces que se han perdido; sin caer en el sensacionalismo

Por: Paola González | @norapaolags

En lo más crudo del invierno aprendí que existe en mí un invencible verano
Albert Camus

La frase del escritor francés me da vueltas en la cabeza. No por hablar de resiliencia, esa increíble capacidad que tiene el ser humano de sobreponerse a circunstancias adversas, sino por el ímpetu del cuerpo de contradecirse a sí mismo, de negar su realidad material y darle la vuelta a lo que estaba destinado a ser.

Desde el primer momento el título de la más reciente novela de Cristina Rivera Garza me tambaleo. Compré el libro y lo dejé en el estante por un par de días, huyendo del posible resultado emocional de su lectura. A pesar de que leo con mucha frecuencia la teoría feminista y literatura que habla sobre la vida de las mujeres, busco no acercarme a textos que traten directamente el tema del feminicidio. La lectura más reciente había sido la de Páradais de Fernanda Melchor, cuya focalización me había perturbado.

Sabía que el texto de Rivera Garza sería muy distinto, por tratarse de la historia de su hermana. Me había enterado del feminicidio de Liliana Rivera Garza el año pasado, durante las protestas feministas que cimbraron el país y el mundo. Liliana fue una estudiante de arquitectura, mujer de izquierda y fanática de Serrat (son las cosas con las que más identifico), escritora nata, muy dada a enamorarse y a enamorar. Solo eran Cristina y Liliana, dos hermanas producto de la historia del algodón y la migración en México.

La narración empieza con la experiencia de Cristina en el intento por traer de nuevo el expediente de Liliana y poder buscar al que le arrebató la vida para llevarlo hacia la justicia. Posteriormente, se reconstruye su historia a partir de los diarios que ella dejó y que dan parte de su habilidad creativa, de su intimidad y de su increíble agilidad mental. La voz narrativa analiza los diarios y describe lo que sucedía a partir de la incorporación de la escritura de Liliana, sin embargo, la intervención no es más que curatorial. Como en un recorrido por el museo, la mejor parte de la interpretación es la de la lectora o el lector.

Contrario a lo que podría pensarse, la novela no es triste. O no lo es en todo momento. La incorporación de las voces de los amigos de Liliana, que la recuerdan con toda su fuerza, y la manera en la que se narran las múltiples formas en las que ella proyectaba su esencia, ofrecen gran luminosidad a la narración. La relación abusiva que sostenía con su novio queda relegada a un segundo plano, opacada por ella misma, tanto en sus diarios como en la construcción literaria.

Rivera Garza hace un énfasis muy pertinente en la reconstrucción del feminicidio que, en 1990, año del asesinato de su hermana, no estaba tipificado como tal. Menciona cómo era tratado el tema en la época, aunado a otros como el aborto y la sexualidad. Las conductas que ahorita clasificaríamos como señales de alerta en ese entonces no podían ser fácilmente identificadas. Esa fue la vorágine en la que entró Liliana, incapaz de ver el peligro en la conducta de aquel novio una vez que ella  decidió dejarlo cuando se dio cuenta que había dentro de sí misma un invencible verano.

Uno de los capítulos trata sobre la conexión de Liliana con Cristina, una relación acuática, producto de su convivencia en clases de natación cuando eran niñas. Recobrando esa conexión, la narradora enuncia: “Quiero volver a encontrarla en el agua. Quiero nadar, como siempre lo hice, al lado de mi hermana”. Cuando terminé de leer esta frase, solté un alarido de dolor. Todavía, mientras escribo estas palabras, las lágrimas caen sobre mis mejillas. Si hay un poder en la literatura, es este; el de traer a la luz, el de no esconder el dolor y el de funcionar, aún cuando todo lo demás no lo hace, para unirnos como seres humanos.

Los textos que narran lo indescriptible y que dan parte de aquello donde la condición humana oscurece cobran mucha relevancia en nuestra época. Los feminicidios aumentan como consecuencia de las dinámicas de poder que rigen nuestra sociedad. Desafortunadamente, el cine, la televisión y la propia literatura refuerzan las metanarrativas que están involucradas en la violencia contra la mujer, por lo que es imprescindible que se incorporen voces personales que critiquen estos posicionamientos y que recuperen la memoria de aquellas que perdimos sin caer en el sensacionalismo.

El texto de Cristina Rivera Garza no solamente cumple con esta premisa, sino que la desborda. Aunque el sistema no logre resarcimiento del daño, la narración es testigo y da parte de la vida de Liliana. Al hacerlo trae a nuestra memoria las vidas de mujeres que fueron y pudieron haber seguido siendo después de encontrar su invencible verano.

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