¿Debate o monólogo?

El debate de ayer causó mucho revuelo. Aquí está el sentir de una ciudadana que ante la decepción, no pierde la esperanza

Por: Montserrat Villarreaal

A veces pienso que, como ciudadana, en mí recae una clase de responsabilidad invisible: una responsabilidad de ejercer la democracia de la ciudadanía, votando de manera informada y siguiendo los pasos, experiencias, trayectorias y debates de aquellos a los cuáles tendré que elegir para mi comunidad el próximo 6 de junio. Creo que no me encuentro sola en esto cuando digo que quiero mejorar la calidad de la política de mi ciudad, mi estado y mi país, no solo para mí, sino para aquellos que me rodean:  

mi familia, mis compañerxs, mis amigxs, profesorxs, mi comunidad 

Mis primeras elecciones, como votante, son el próximo mes; me causa emoción saber que por fin podré tener aquello que tanto he anhelado desde que entré a estudiar ciencias sociales: ser testigo de la participación ciudadana. La participación ciudadana fortalece aquellos lazos entre el gobernante-gobernado; es un ejercicio social, económico, político y cultural en el cual nos podemos involucrar de manera activa en aquellos procesos de tomas de decisiones que generan un impacto en nuestro día a día, pues tomar protagonismo ciudadano construye narrativas históricas y construye el futuro que queremos para las próximas generaciones.

Es inexplicable lo que sentí ayer en el debate organizado por el periódico El Norte, sentí asombro, tristeza, frustración, coraje y un montón de emociones que aún no logro conceptualizar. Es desolador que esas sean nuestras opciones para elegir y que solo es eso y no hay más; es fatigante tener las mismas narrativas de siempre que excusan a la política mexicana de darnos tan poquito: “voy a votar por el menos peor”, “voy a votar por el que tiene menos trapitos sucios “, el “sí roba pero por lo menos roba menos”, porque lo de ayer fue el reflejo de la política que tenemos en nuestro país y nuestro estado, aquellxs que no se presentaron al debate, no tienen respeto por la democracia y mucho menos por la ciudadanía, porque si esto fue lo que pasó hoy como candidatx, no me imagino lo que podrá pasar mañana como gobernante.

Esa ausencia y silencio de ayer, es la misma ausencia y silencio que hemos tenido en los últimos años en México: los 43 desaparecidos de Ayotzinapa, el feminicidio de Fátima, la negligencia de la línea 12, el asesinato de Homero Gómez y la brutalidad policiaca ejercida en contra de Victoria Esperanza y Giovanni López. 

Porque el debate de ayer no es solo un debate, es lo que representa, lo que refleja, lo que personifica. Y esto es lo que tenemos como política, una ausencia profunda en atender la seguridad y el bienestar de las y los mexicanos.

Ahora estoy convencida de que aún falta mucho por hacer en materia gubernamental, no le aplaudo al único candidato que no se ausentó puesto que eso es lo mínimo que merecemos como ciudadanxs, tampoco creo que su discurso sea algo “nuevo”, lo hemos escuchado ya en las elecciones a la gubernatura de N.L. en 2015, tenemos ya bien en claro que esta narrativa de “la nueva política” no significa precisamente que sea algo mejor y, además, no podemos dejar a un lado la investigación que trae por delante de parte de la FGR. 

Es importante hacer retrospectiva acerca de lo sucedido e ir recapitulando y cuestionando lo que ha pasado en esta campaña electoral, ¿qué clase de políticxs queremos? Y más importante ¿qué políticxs son los que necesitamos? ¿Realmente lxs candidatxs han expuesto sus propuestas de manera puntual? ¿O las campañas que hemos visto hasta ahora han sido únicamente un ciclo repetitivo que vemos cada 6 años en el estado? No obstante, no creo que todo se pueda analizar desde una perspectiva meramente pesimista, estoy convencida de que la cultura de la participación política ha tenido auge en las últimos años, porque el hartazgo colectivo es lo que moviliza y transforma las redes de movilización social, que a su vez generan presión social en la política.

Estoy convencida de que si seguimos solidificando vínculos y ejerciendo la democracia desde lo local, se pueden generar grandes cambios. Tengo mucha esperanza en lo que será la política en 10 años, veo a jóvenes de mi generación interesadxs en hacer un cambio en el país: veo los rostros de futurxs políticxs, activistas, periodistas, politólogxs, académicxs, investigadorxs y demás. 

Aunque la política de hoy me decepcione, mantengo la esperanza encendida por aquellos que sé que están dispuestxs a luchar conmigo por un mejor país.

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