Charlotte Brontë: una vida de escritura

El 21 de abril de 1816 en Thornton, Inglaterra, nace Charlotte Brontë, una de las más reconocidas escritoras de la literatura inglesa, conoce más sobre sus aportaciones

Por: Esmeralda Chayrez

El caso de las hermanas Brontë, Charlotte, Emily y Anne, es excepcional, y no solo por ser tres mujeres escritoras en el siglo XIX, sino por tratarse de tres grandes escritoras dentro de una misma familia, quienes desde una edad muy temprana sufrieron pérdidas y vivieron aisladas de la sociedad, lo que les permitió crecer a sus anchas y estirar las fronteras de la imaginación hasta el límite. 

Recordada ahora como la mayor de las Brontë y autora de la novela romántica Jane Eyre, Charlotte vivió la muerte de su madre en 1821, siendo tan solo una niña. Tres años más tarde, ella y Emily asistieron junto con sus hermanas mayores, María y Elizabeth, al Clergy Daughters’ School en Cowan Bridge, donde murieron María y Elizabeth. Charlotte y Emily regresaron a casa y se dedicaron a crecer rodeadas de poesía, periódicos, juegos y naturaleza junto a Anne y Branwell, sus otros dos hermanos. La experiencia que vivió en el internado, sin embargo, marcó profundamente a la joven Charlotte, y la podemos ver reflejada en la figura del Internado Lowood en Jane Eyre.

En 1831, a la edad de quince años, asistió a la escuela de Miss Wooler en Roe Head, donde trabajó como maestra entre 1835 y 1838. A pesar de no gustarle el trabajo de maestra, lo hacía con el propósito de apoyar a su familia mientras su hermano Branwell, el único hijo hombre, se forjaba una carrera como artista. Branwell, en quien estaban puestas todas las esperanzas de la familia, era una persona inestable y de poca voluntad, y terminó atrapado y consumido por una vida de adicciones.

En 1842, con el propósito de abrir una escuela, Charlotte se trasladó junto con Emily a Bruselas, donde planeaban mejorar su dominio del francés y adquirir las bases del alemán. Este proyecto se puso finalmente en marcha en 1844, pero no tuvieron éxito debido al aislamiento de la casa donde vivían. Un poco más adelante, en 1846, Charlotte publicó junto con sus hermanas un poemario titulado Poemas por Currer, Ellis y Acton Bell (Charlotte, Emily y Anne, respectivamente). Estos nombres fueron los pseudónimos con los que las hermanas buscaban protegerse de las críticas que pudieran sufrir por publicar su trabajo siendo mujeres. 

A pesar de que solo se vendieron dos copias, esta primera publicación fue el incentivo que necesitaban las Brontë para atreverse a publicar sus respectivas novelas, y fue así como el 16 de octubre de 1847, el mundo conoció a Jane Eyre.

Su novela tuvo un gran éxito tras ser publicada, pues en ella se retrataba a una mujer determinada, con pasiones y deseos y la voluntad de perseguirlos, siempre guiada por un fuerte criterio moral y la noción de lo bueno contra lo malo. Sin embargo, la muerte regresó a la vida de Charlotte, llevándose en septiembre de 1848 a Branwell, a Emily en diciembre de ese mismo año y, finalmente, a Anne en mayo de 1849. Tras la muerte de Anne, Charlotte tomó la decisión de revelar su verdadero nombre y, en octubre de ese año, publicó su segunda novela, Shirley: A Tale. Enero de 1853 vio la publicación de Villete, su tercera y última novela publicada en vida.

En junio de 1854 Charlotte se casó con Arthur Bell Nicholls y empezó a trabajar en la novela Emma, misma que no alcanzó a terminar. El 31 de marzo de 1855 Charlotte murió por complicaciones con su embarazo. La primera novela que escribió, El profesor, fue publicada póstumamente en 1857. 

En Jane Eyre, la más exitosa de sus obras, Charlotte narra con pies de plomo una historia donde la realidad es poco más que una excusa para adentrarse en los dominios de la imaginación. Su indecible creatividad como narradora y la belleza del lenguaje con que crea la atmósfera narrativa, nos arrastran dentro del libro como si se tratase de un mundo completo y complejo. Más allá de que nos guste o no la historia, no podemos negar la calidad literaria de Charlotte y su enorme dominio del lenguaje. No es por nada que, a 205 años de su nacimiento, la sigamos recordando como una de las pocas mujeres entre los grandes escritores del siglo XIX.

Es cierto que no podemos reconocerla solamente por ser mujer, pero es admirable, y se refleja en su escritura, el gran carácter que poseía y con el que se enfrentó a un mundo dominado en su mayoría por figuras masculinas. Aunque en un primer momento usó un pseudónimo (práctica usada por numerosas escritoras en su tiempo) llama la atención que, al alcanzar el reconocimiento de sus contemporáneos, asesinó a Currer Bell para pararse sobre su cadáver como lo que era realmente: no solo mujer, sino una de las mejores escritoras que nos dejó la literatura inglesa en el siglo XIX. Hoy, a 205 años de su nacimiento, Charlotte sigue y seguirá viva en sus palabras.

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