Birds aren’t real: Performar el absurdo 

Aunque el humor de la Generación Z a veces parece hermético, lo cierto es que gira en torno a ciertas nociones que pueden esclarecer el asunto. O no

Por: Andrea Arriaga | @andrea_arriaga_ 

Como ávida consumidora del mockumentary sitcom, la Generación Z ha sabido adaptar sus convenciones de la comedia para reconocer con facilidad cualquier producto cultural que juegue con el potencial cómico de lo real. Desde ejemplos más viejos como The Office y Parks and Recreation, hasta lo más contemporáneo como Nathan for You o Paquita Salas, la comedia del mockumentary nos es más que familiar y comprensible. De hecho, para las generaciones más jóvenes que transitan la posverdad, la pregunta por la distinción entre la ficción y la realidad parece cada vez más obsoleta. 

Ahora bien, por más ‘meta’ que se pongan nuestros sitcoms favoritos, lo cierto es que siempre se mantienen dentro de los confines de su narrativa y la televisión. ¿Pero qué pasa cuando las lógicas del mockumentary permean hacia la realidad? 

El movimiento conocido como Birds Aren’t Real (BAR), surge como un capricho de su creador Peter McIndoe, de 23 años. En medio de una manifestación en el 2017, McIndoe escribió sobre un cartel “Birds aren’t real” y dio así pie al personaje que terminaría por desempeñar los siguientes cinco años. La idea detrás de BAR es una teoría de conspiración que propone que los pájaros fueron sustituidos con drones por el gobierno estadounidense, quien utiliza estos aparatos para espiar a sus ciudadanos. A través de las redes sociales, el movimiento adquirió tal tracción que existen facciones de BAR en diferentes puntos de Estados Unidos.  

Pero no, no es en serio. En diciembre del 2021 McIndoe finalmente salió de su personaje en un documental de VICE. Aunque su vida personal es muy interesante, para mí lo más destacable es que McIndoe asegura que el movimiento consiste principalmente de miembros de la Generación Z, los cuales están insertos en un juego tácito de performatividad. Entonces,  ¿cómo definir BAR? ¿Puede decirse que es solo una sátira? 

Birds Aren’t Real funciona a través de un formato multimedia que permea hacia otras esferas fuera de los medios, de tal manera que, como suelen hacer las teorías conspirativas, se ha expandido más allá de sus primeros alcances. Sin embargo, resulta un fenómeno de difícil clasificación genérica, pues se trata de un discurso y un personaje ficticios que se inscriben en el mundo real. De ahí que hayamos empezado con el mockumentary, que como mínimo asume que los límites entre ficción y realidad son porosos. 

Aunque hay muchas teorías que buscan definir el humor, aquí lo dejaremos en que este surge de la no-correspondencia entre dos cosas. Para simplificar, diremos que lo cómico de la sátira es que de forma irónica parodia discursos, personajes y demás. Pero, ¿de quién se burla McIndoe? Este asegura que “Birds Aren’t Real no es una sátira superficial de las conspiraciones desde fuera. Es una sátira desde lo más profundo”, que además  “Es un espacio seguro para que la gente se reúna y procese cómo el conspiracionismo toma a Estados Unidos. Es una forma de reírse de la locura en lugar de dejarse vencer por ella”.

Todo eso suena bien, pero el discurso del movimiento como manera de hacer frente a la locura que atraviesa la contemporaneidad no es lo que caracterizó el surgimiento espontáneo de BAR, que nació cuando McIndoe escribió las palabras más aleatorias que se le ocurrieron; el concepto de proyecto nació en más o menos “tres minutos”. Por ello, para mí la idea de “combatir la locura con locura” parece tratarse de la justificación que los fundadores han ideado conforme el proyecto ha crecido. Ahora hablan de un esfuerzo consciente por combatir y burlarse de la desinformación, pero en sus inicios, BAR surgió al instante al decir, sería gracioso si mi cartel no correspondiera en absoluto con esta manifestación tan seria. 

Entonces, ¿hay que cuestionarse las limitaciones éticas alrededor de BAR? Pensemos por ejemplo en Borat, otro personaje satírico que se inserta en el tejido de la realidad. Como ficción, no tiene existencia y sus responsabilidades son limitadas fuera de su narrativa (Holm 108). Por más problemático que sea Borat, es verdad que brota de una ficción que contempla confines y un cierre narrativo. ¿Qué pasa entonces con McIndoe, que no está encerrado en un texto, sino que emerge desde la realidad y en su forma ficticia se inscribe en ella?  

Claro que podría cuestionarse la ética detrás de la creación intencional de una teoría de conspiración como experimento.  No obstante, para una posible respuesta no podemos dejar de lado el self-awareness de los participantes del mundo real en BAR. Encima, no podemos olvidar que esto no nació desde la pretensión de ser subversivo en términos políticos.  Ocurrió porque sí. McIndoe también reveló que no inició con la idea de hacer una sátira; más bien, fue una idea puesta en el mundo por accidente, con la que por alguna razón mucha gente se identificó. El asunto es que el movimiento adquirió fuerza como “bola de nieve cuesta abajo” entre usuarios de la Generación Z, quienes acudieron a todos los mítines sin romper la ficción. Y esto es lo más interesante, porque deja ver las entrañas del humor de esta generación. 

En el documental de VICE, McIndoe habla de cómo toda su comprensión del mundo se formó gracias al internet. Esta es la experiencia de muchísimos integrantes de la Generación Z, y explica mucho sobre el tipo de humor que la caracteriza. En varios estudios y artículos que tocan este tema, constantemente destaca la prominencia del absurdo y de nociones nihilistas y existencialistas en el humor de una generación marcada por una infinidad de cuestionamientos políticos, económicos e identitarios. Crecer en la era del internet permite no solo un entendimiento colectivo de los acontecimientos y problemáticas del mundo, sino también una actitud colectiva ante estos (Gabor 1). De ahí que miles de Zoomers se unieran al performance de BAR, sin necesidad de romper ni explicar el juego. Y esa es la cosa: para quien lo entiende, lo cómico de BAR no necesita explicación. Para quien no, es cuando menos una cuestión hermética. Es desde ahí que me gusta acercarme a BAR. 


Si bien el discurso sobre la crítica hacia la desinformación me parece válido y hasta pertinente, BAR me parece un ejemplo excelente del humor Gen Z en todo su esplendor. A diferencia del humor que definió la primera década del siglo XXI, nos encontramos ante un fenómeno sobrecargado de elementos, contextos y bromas yuxtapuestas que cambia día con día y a veces es difícil de aprehender. Más allá del aparente afán satírico que terminó por atravesar BAR en sus días finales, rescato sobre todo lo que McIndoe dice a VICE: “Creo que gran parte de la generación Z siente locura y supongo que reírse de ella, o bien encarnarla es una manera interesante de expresar lo que sientes”.  Hay algo de valor en la idea de encarnar y performar el absurdo que atraviesa a esta generación sin necesidad de un aparato político o teórico que lo respalde, y solo actuar desde la risa. Sin duda, en todo caben los matices, y no se trata de vulnerar a otros. Pero en este caso, yo creo que el chiste se cuenta solo.

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