Ausencia Temporal

Me detuve a pensar en la frase: “cierre temporal” y sentí que la palabra “temporal” pudo haber sido reemplazada por la palabra “indefinido” o tal vez “inesperado”

Por: Paulina Sánchez | @_paulinna19

Comúnmente el recorrido era dentro del campus; pero esta vez lo hice afuera. Crucé la calle Filósofos en dirección hacia la Avenida Luis Elizondo. Si hubiera sido un día normal hubiera entrado al campus con mi credencial, saludado al policía en la entrada y cruzado por Jardín de las Carreras hasta salir por el acceso justo afuera de Avenida Luis Elizondo. Pero ahora no fue así. Todos los accesos estaban cerrados y caminé por la banqueta que rodea el campus hasta llegar a mi destino.

Desde que se suspendieron las clases no había regresado al Tec ni una sola vez, ahora regresé con la única intención de mirar la universidad físicamente. Me detuve un rato afuera de la entrada de Rectoría y, a decir verdad, en el último año nunca había sentido tanta nostalgia por la universidad como la sentí en ese momento.

Recordé que unas horas antes había tenido clases, pero a pesar de eso la universidad se sentía lejana; como si yo ya no perteneciera ahí. Ahora va poco más de un año en el que reemplacé el campus por mi habitación y que el semestre lo hago desde una silla incómoda en el escritorio al lado de mi cama. 

Continué caminando por la banqueta. En otro de los accesos al Tec observé una lona que avisaba del cierre temporal por contingencia: “de acuerdo a los lineamientos emitidos por la autoridad sanitaria de nuestro país, con relación a la declaratoria sanitaria, les informamos que los accesos al campus están suspendidos hasta nuevo aviso, dado que el sector educativo no es una actividad esencial. Favor de estar atentos a las disposiciones de la Secretaría de Salud sobre este tema”, decía el anuncio blanquiazul. 

No sé cuánto tiempo lleva el anuncio colgado ahí, pero me pareció extraño que la lona siguiera puesta, como si esperara pacientemente a que alguien la quitara, o como si todavía existiera la posibilidad de que una persona distraída quisiera entrar al campus y no supiera 1) por qué no hay clases, ni 2) por qué no hay nadie. 

Me detuve a pensar en la frase: “cierre temporal” y sentí que la palabra “temporal” pudo haber sido reemplazada por la palabra “indefinido” o tal vez “inesperado”. Sin embargo, pensé que la palabra “temporal” también significa que la pandemia no es definitiva y que vamos a volver algún día. Tal vez “temporal” también significa “esperanza”

Seguí el recorrido por afuera del campus. Unos metros más adelante llegué a otro acceso, específicamente el acceso en el que murieron Jorge y Javier. En ese lugar había otro mensaje: “los soldados nos asesinan con impunidad”, decía un papel colgado sobre un lazo y sujetado con tres pinzas de madera. En el piso había un par de veladoras blancas y unas flores marchitas. 

Jorge y Javier se fueron definitivamente. No porque ellos quisieran haberse ido, sino porque el Estado les arrebató la posibilidad de quedarse. Ojalá Jorge y Javier también se hubieran ausentado de forma temporal, en algún viaje, o algo similar. 

Nuevamente me sorprendió que el anuncio siguiera ahí (porque conociendo al Tec, me pareció raro que no hubieran hecho nada para retirar la protesta social). Me sorprendió que las flores marchitas estuvieran todavía en el piso y que las veladoras se mantuvieran, probablemente, en la misma posición en la que las dejaron días antes, el 19 de marzo del 2021. Ese día que se cumplieron 11 años desde que Jorge y Javier no están porque el ejército los mató. 

Recordé las escenas del documental Hasta los Dientes. Me detuve un rato a pensar y a reflexionar que a Jorge y Javier les deben todavía justicia. Y que, por esa falta de justicia, hay que colgar carteles cada año que nos recuerden lo que pasó ese día, para no olvidar, porque el olvido también mata. 

Seguí en mi recorrido, ya casi para llegar al final. En el acceso frente a Aulas 4 donde comúnmente hay muchos restaurantes dispuestos a recibir estudiantes, esa tarde estaban cerrados. Nunca probé agua de Tocumbo, y creo que probablemente me quedaré con las ganas un buen rato porque ese día estaba cerrado. Deseé que los restaurantes estuvieran bien a pesar del cierre y la baja en ventas. 

Justo pegado al campus, en el mismo acceso en el que me quedé mirando los restaurantes, estaba el letrero del semáforo. Un mensaje que un año antes no hubiera tenido sentido para nadie; pero que ahora dirige nuestra vida. Se leía en grande “semáforo amarillo”. Justo antes del anhelado “semáforo verde”. Pensándolo bien… no falta mucho para regresar. 

Comparte en:

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on linkedin
LinkedIn
Share on whatsapp
WhatsApp