8M: la calle es nuestra

La noche de ayer miles de feministas salieron a marchar por sus derechos. Algunas compartieron sus vivencias y el porqué de su asistencia

Por: Paulina Sánchez

Fotos: Paola Araujo

Al sororo rugir del amor

MONTERREY, N.L-. El atardecer esperaba paciente la llegada de las mujeres a la Explanada de los Héroes. Desde las 5 p.m. las mujeres se reunieron afuera de las escaleras del Palacio de Gobierno, las amigas se buscaban, “¿dónde estás? ah, ya te vi”. Prepararon pancartas y se colgaron paliacates. El verde y morado otra vez regresaron al panorama urbano de la ciudad. 

La marcha empezó en punto de las 7 p.m., justo al anochecer, pronto se oscureció. No hay otro día del año en el que caminar de noche se sienta más seguro que cuando marchas en grupo con las demás mujeres. “Mamá, hoy no vengo sola”, la definición perfecta de lo que se siente ocupar las calles. Porque el espacio público también es nuestro. 

De acuerdo con Asamblea Feminista de Nuevo León, que fue la colectiva que convocó la marcha, cerca de 20 mil mujeres se organizaron en diferentes contingentes. Hasta el frente, las mujeres con discapacidad, atrás las maternidades e infancias, después las familiares de desaparecidas y luego las mujeres diversas. 

Una lucha diversa

Cada contingente llevaba sus consignas específicas, el feminismo es una lucha que se pelea por diferentes frentes pero la unidad permanece. Entre la enorme marea de mujeres que caminaba por las calles del centro de la ciudad había jóvenes, adultas, niñas, mujeres transexuales, todas de diferentes clases sociales y con diferentes reclamos. 

Hasta el frente, en el contingente de familiares de desaparecidas, marchó Juana Solís Barrios, mamá de Brenda Damaris González Solís, quien desapareció el 31 de julio del 2011 y fue encontrada asesinada. 

Con lágrimas en los ojos y la voz cortada, Juana testificó que, “la justicia no ha hecho nada, no ha habido reparaciones, no ha habido nada. El gobierno sigue igual que al principio del caso. Hoy fui a la CNDH, no sabían nada del caso. Fui a la fiscalía, el caso estaba archivado, entonces es una tristeza de los gobiernos, no tienen el dolor que uno siente, ni que uno tiene”. 

Juana también marchó por todos los feminicidios, explicó que en la calle de Juan Ignacio Ramón hay un mural de su hija que representa todos los feminicidios del 2020 y 2021. Narró que “es una tristeza; cada día te levantas y ves 3, 4, 5, 23, o sea, en tan poco tiempo. El gobierno en verdad son ellos mismos los asesinos, los policías”. Junto al colectivo de Fuerzas Unidas por los Desaparecidos en Nuevo León, la madre de Brenda Damaris lucha todos los días para pedir justicia. 

En el contingente de mujeres con discapacidad marcharon Teresita Enríquez de 42 años y Ximena Ruíz de 19, las dos en sus sillas de ruedas. Para Ximena esta vez fue su primera marcha, acerca de su experiencia ella dijo: 

“Nunca había sentido esta vibra de tan unidas todas y me sentí muy representada, nunca había visto a tantas mujeres en silla de ruedas unirse y al mismo tiempo cuidarse entre ellas, que los pozos, que las alcantarillas que las personas; el hecho de que todo mundo se acercara a ayudarte y te vieran como lo que eres y te representaran allá arriba, sobre todo en el discurso, fue simplemente impresionante”.

Teresita Enríquez había participado antes en otras manifestaciones, pero esta ocasión ella asistió para lo que ella misma explicó, “seguir haciendo consciencia de lo que como mujeres tenemos derecho a exigir y que nos respeten y que seamos valoradas independientemente por, ya sea por la discapacidad, por el género, por la raza social, económica, cultural, todo lo que existe en nuestros entornos”. 

Así mismo comentan que dentro del contingente de mujeres con discapacidad estuvieron presentes todas las discapacidades. Discapacidad auditiva, visual, psicosocial, motriz e intelectual. Teresita declaró que “no importa la discapacidad, aquí estamos y traemos ruedas, traemos bastón, traemos intérpretes para que podamos comunicarnos todas y todos y podamos ser escuchadas”.

El recorrido y la noche transcurrió con poca intervención de la policía. De acuerdo con Delia Delgado de la Asamblea Feminista de Nuevo León, “el problema fue más con los medios que con la propia policía, o sea la policía realmente no intervino en absolutamente nada”, y con los medios se refería específicamente a Televisa. 

Quemarlo todo 

Al final, surgió el fuego. Pocas entendíamos por qué le prendían fuego al Palacio de Gobierno después de la marcha, después de la paz. Parecía otro evento dentro del mismo evento, la mayoría de las mujeres comenzaban a irse, mientras otras se quedaban encendiendo todo. A pesar de haber múltiples razones, lo que es cierto, es que el fuego lo pusieron el hartazgo y la injusticia; porque en un país donde hay más de 90 mil desaparecidos y 10 feminicidios por día, las que buscan son las madres. Las que buscan son las hermanas, las tías, las abuelas, las mujeres. Porque al final, la responsabilidad del Estado, también recae en las mujeres. 

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